February26
Escuchando: No me canso (Ana Torroja)
Últimamente me encuentro en una fase bastante (obvio el demasiado porque últimamente parece que no está muy bien visto) metafísica. Probablemente, las asignaturas que este cuatrimestre adornan mi horario hayan ayudado bastante, amén de otras circunstancias personales.
Siendo sincera, la metafísica, o digámoslo de una forma más simple, las ralladuras de cabeza, siempre han estado presentes en mi vida. Recuerdo que cuando era pequeña, y mi madre me secaba el pelo, me abstraía del espacio en el que me hallaba y hacia recorrer pensamientos infantiles sobre la vida en mi inmadura cabeza (que aún dudo que lo sea). La percepción de la realidad (es decir, ¿verán los demás tal como yo veo el mundo?, ¿no será que mi compañero ve un cubo y yo una esfera, aunque ambos por convención lo hayamos llamado prisma?), la existencia o no existencia de un dios (puesto que todo no podía haber surgido de la nada porque sí, pero aceptando el supuesto de que una fuerza superior fuese la responsable de todo aquello, ¿cómo había surgido ésta?), la maldad y el ser humano (siempre fui partícipe de la máxima de Hobbes, El hombre es un lobo para el hombre), eran temas a los que solía recurrir sentada en la banqueta del baño, mientras mi madre me asaba la cabeza.
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February19
Escuchando: Big My Secret (BSO The Piano)
Vivimos encerrados en una mente que estructura nuestras ideas en pequeños paquetes de prejuicios, que bien si no representan fielmente la realidad, nos ayudan de alguna manera a enfrentarnos mejor a ella. Esto no quiere decir de ninguna manera que los prejuicios sean moralmente buenos, pero sí lo suelen ser cognitivamente. Para la mente humana poder establecer categorías más o menos generales, con unas características fijas (aunque no reales) supone un gran ahorro de energía. Podríamos incluso considerar estos estereotipos grupales como una valiosa herramienta de adaptación.
Sería de necios levantar la mano y decir: “Yo no tengo prejuicio
s”. Prejuicios sobre cualquier cosa. Ya no sobre un colectivo humano, sino incluso sobre los leones, una determinada marca de informática, un lugar,…
El problema radica en que los prejuicios que se proyectan sobre grupos humanos pueden llegar a ocasionar problemas. La mente humana, al igual que usa mecanismos de ahorro cognitivos, también en su infinito poder adaptativo conoce (o debería conocer), que no todo es blanco o negro, y existe una interminable gama de matices imposible de abarcar racionalmente. El conflicto se desencadena cuando la parte ahorrativa predomina sobre cualquier otra, y se radicaliza el concepto de prejuicio.
Con esta reflexión no quiero llegar a sucesos radicales en la historia, como los diversos holocaustos, el sometimiento de la mujer al sexo masculino durante siglos, las luchas raciales en los Estados Unidos (véase para más información Black Power, Ku Klux Klan), etc. Mis palabras se detienen antes de esto. Más que nada porque estos sucesos son consecuencias directas, o indirectas (no las únicas, por supuesto) de un grupo de mentes radicalizadas. Pero no me interesa esta degeneración de la radicalización de los prejuicios.
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February8
Escuchando: Jailhouse Rock (Elvis Presley)
Hace unos días me planteaba los límites entre la libertad de expresión, y la dignidad del individuo, o de un colectivo. Por todos es conocida aquella típica y tópica frase que reza “la libertad de uno mismo acaba donde comienza la del otro”. Ahora, ¿dónde comienza la libertad del otro?, o para que sea algo más claro el asunto, ¿cuándo la libertad del primero deja de llamarse libertad porque viola la dignidad del segundo?, ¿dónde está el límite que separa la ironía y la falta de respeto?, ¿es lícito hacer una chanza que incluye algo tan respetado por algunos (muchos) como es la religión?
Mientras que unos se hacen estas preguntas, otros las contestan desde diferentes ángulos (algunos más civilizados que otros, algunos con más sed de vender ejemplares aprovechando el tirón que otros). Unos queman banderas, provocan disturbios, y otros claman por la libertad de expresión, solidarizándose con el medio periodístico que decidió hacer una crítica al radicalismo musulmán usando la imagen de su profeta más importante (mientras se benefician no muchos de ellos con todos estos eventos). Unos chillan por la dignidad violada, otros se echan las manos a la cabeza porque el mundo religioso intenta interferir en su libertad para expresarse.
Y mientras la polémica inunda las pantallas de televisión disfrazada por el debate de la libertad de expresión (no nos engañemos, este no es un problema de libertad de expresión, este es un problema de Occidente contra Medio Oriente), una página de internet (más concretamente, Frikipedia) ha sido clausurada por una reciente demanda que le ha interpuesto la SGAE (esa que cobra un canon por cada CD virgen que adquirimos) por injurias y calumnias.
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February2
Escuchando: S.P.N.B (Iván Ferreiro)
En el rincón más apartado de mi armario, entre las mudas de la cama y un rollo de burbujas de plástico que compré para envolver hace años un regalo frágil, guardo una caja de cartón. No es mucho mayor que una caja de zapatos, el tamaño apropiado para amontonar dentro de ella lo que podríamos llamar bocados de melancolía.
No suelo prestar demasiada atención a la caja, es un reducto de recuerdos pasados a la que suelo llegar porque necesito depositar algo dentro de ella, o porque hay que limpiar el polvo de los lugares que nadie ve, de vez en cuando. Entre sus paredes de cartón guardo cartas, notas, entradas, papeles que en algún momento tuvieron algún significado. A veces, también he guardado cosas que no me pertenecían moralmente, y que cuando el peso del tiempo se esfumase debería devolver a sus dueños.
Una vez dije que mi posesión más preciada era esa caja. Una vez pensé que me llevaría un serio disgusto si la perdía. Seguramente porque el pasado que guardo en ella a veces me hacía recordar que en algún momento fui alguien. Y no era, no es más que una caja, llena de recuerdos, pero al fin y al cabo, una caja.
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