Metafísica
Escuchando: No me canso (Ana Torroja)
Últimamente me encuentro en una fase bastante (obvio el demasiado porque últimamente parece que no está muy bien visto) metafísica. Probablemente, las asignaturas que este cuatrimestre adornan mi horario hayan ayudado bastante, amén de otras circunstancias personales.
Siendo sincera, la metafísica, o digámoslo de una forma más simple, las ralladuras de cabeza, siempre han estado presentes en mi vida. Recuerdo que cuando era pequeña, y mi madre me secaba el pelo, me abstraía del espacio en el que me hallaba y hacia recorrer pensamientos infantiles sobre la vida en mi inmadura cabeza (que aún dudo que lo sea). La percepción de la realidad (es decir, ¿verán los demás tal como yo veo el mundo?, ¿no será que mi compañero ve un cubo y yo una esfera, aunque ambos por convención lo hayamos llamado prisma?), la existencia o no existencia de un dios (puesto que todo no podía haber surgido de la nada porque sí, pero aceptando el supuesto de que una fuerza superior fuese la responsable de todo aquello, ¿cómo había surgido ésta?), la maldad y el ser humano (siempre fui partícipe de la máxima de Hobbes, El hombre es un lobo para el hombre), eran temas a los que solía recurrir sentada en la banqueta del baño, mientras mi madre me asaba la cabeza.