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La colectivización de los ideales

February19

Escuchando: Big My Secret (BSO The Piano)

Vivimos encerrados en una mente que estructura nuestras ideas en pequeños paquetes de prejuicios, que bien si no representan fielmente la realidad, nos ayudan de alguna manera a enfrentarnos mejor a ella. Esto no quiere decir de ninguna manera que los prejuicios sean moralmente buenos, pero sí lo suelen ser cognitivamente. Para la mente humana poder establecer categorías más o menos generales, con unas características fijas (aunque no reales) supone un gran ahorro de energía. Podríamos incluso considerar estos estereotipos grupales como una valiosa herramienta de adaptación.

Sería de necios levantar la mano y decir: “Yo no tengo prejuicioMasss”. Prejuicios sobre cualquier cosa. Ya no sobre un colectivo humano, sino incluso sobre los leones, una determinada marca de informática, un lugar,…

El problema radica en que los prejuicios que se proyectan sobre grupos humanos pueden llegar a ocasionar problemas. La mente humana, al igual que usa mecanismos de ahorro cognitivos, también en su infinito poder adaptativo conoce (o debería conocer), que no todo es blanco o negro, y existe una interminable gama de matices imposible de abarcar racionalmente. El conflicto se desencadena cuando la parte ahorrativa predomina sobre cualquier otra, y se radicaliza el concepto de prejuicio.
Con esta reflexión no quiero llegar a sucesos radicales en la historia, como los diversos holocaustos, el sometimiento de la mujer al sexo masculino durante siglos, las luchas raciales en los Estados Unidos (véase para más información Black Power, Ku Klux Klan), etc. Mis palabras se detienen antes de esto. Más que nada porque estos sucesos son consecuencias directas, o indirectas (no las únicas, por supuesto) de un grupo de mentes radicalizadas. Pero no me interesa esta degeneración de la radicalización de los prejuicios.

Me interesa otro concepto (que por supuesto engloba al anterior): la colectivización de los ideales. Una colectivización que en la actualidad, y día a día, va colándose más entre todos los grupos y subgrupos occidentales.

Todos hemos conocido alguna vez a aquel personaje extremista que solo distingue entre blanco o negro. Para el que estás con él o contra él, que no es capaz de ver más allá del sí o del no, de lo correcto (lo propio) y lo incorrecto (lo ajeno). En pequeñas dosis, esta clase de pensamientos individuales son sólo perjudiciales, en teoría, para el que los porta. Pero, ¿qué pasa cuándo estos pensamientos se extienden poco a poco entre la población, y dejan de estar atados a grupos reducidos?, ¿qué pasa cuando la gente deja de distinguir matices y se dejan arrastrar ante la facilidad cognitiva de unos prejuicios radicales?.

Está claro que los prejuicios radicalizados no aparecen porque sí. Detrás de todo esto se encuentran situaciones sociales, culturales, religiosas, que pueden ser reales, o inducidas. Se pueden radicalizar conceptos porque la vida se ha convertido en una miseria, o porque te hacen creer que la vida se está convirtiendo en una miseria. Y ante esto la mente se defiende creando enemigos. Enemigos que obviamente no pueden tener matices, porque de otra forma, serían casi iguales. Los enemigos, mejor, planos.

Identificarse con un grupo ante otro es adquirir ciertas características incuestionables. Siempre ha sido así. Pero cuando las características crecen, y se convierten en grilletes ideológicos, es cuando el prejuicio pasa a ser de un mecanismo de adaptación a un arma social “suicida”. Sobre todo cuando ya no se tiene a establecer características, sino a enmarcar a una persona en diferentes grupos, según el primer grupo observado de donde “provenga”.

Y de esta forma tan simple, las ideas, aquellas que los humanistas aseguraban que nos hacían libres, nos atan. Porque se pasa de la identidad como persona a una colectivización ideológica disfrazada de un falso individualismo, que nos subyuga y nos convierte en esclavos de nuestros ideales. Porque ahora no somos únicos, somos blancos, o somos negros. Somos buenos o somos malos. Y no hay puntos intermedios. Y todo, por supuesto, depende de la idea colectiva que te esté enjuiciando.

Cuidado con acabar con la riqueza ideológica. Las ideas nos hacen libres, y convertirlas en una herramienta de control social más no lleva precisamente a la humanidad a una meta de libertad personal.

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PD: He intentado redactar un texto lo más apolítico posible, en gran parte porque no va dirigido a ningún sector cultural, religioso o político en concreto, sino que está destinado a todos en general. Cada cual que lo interprete a su manera.

PD2: Para los que esperaban el resumen del viaje a París, vuelvo a repetir que cuando termine las Crónicas Parisinas tendrán un buen material.

2 Comments to

“La colectivización de los ideales”

  1. On February 19th, 2006 at 5:37 pm ijcys Says:

    Pues yo no voy a ser tan objetiva, y parafraseando a una gran amiga digo que para ser cristiano hoy en día hay que ser del pp, español y si me apuras del Real Madrid, con este caso concreto y con todo ¿dónde quedaron las palabras tolerancia y libertad?

  2. On February 19th, 2006 at 6:01 pm Edleber Says:

    Y si no simpatizas con el PP eres una pro Carod Rovira, y mil lindezas más que he tenido que escuchar yo xD

    Pero como he dicho, esas colectivizaciones ideológicas están en todos lados. Los extremos cierran filas ante sus “ideales”, y actualmente se tiende a mirar mal a cualquiera que se salga de ellos y tienda a usar sus ideas como le venga en gana.

    Parece que algunos buscasen la perfección ideológica.

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