Metafísica
Escuchando: No me canso (Ana Torroja)
Últimamente me encuentro en una fase bastante (obvio el demasiado porque últimamente parece que no está muy bien visto) metafísica. Probablemente, las asignaturas que este cuatrimestre adornan mi horario hayan ayudado bastante, amén de otras circunstancias personales.
Siendo sincera, la metafísica, o digámoslo de una forma más simple, las ralladuras de cabeza, siempre han estado presentes en mi vida. Recuerdo que cuando era pequeña, y mi madre me secaba el pelo, me abstraía del espacio en el que me hallaba y hacia recorrer pensamientos infantiles sobre la vida en mi inmadura cabeza (que aún dudo que lo sea). La percepción de la realidad (es decir, ¿verán los demás tal como yo veo el mundo?, ¿no será que mi compañero ve un cubo y yo una esfera, aunque ambos por convención lo hayamos llamado prisma?), la existencia o no existencia de un dios (puesto que todo no podía haber surgido de la nada porque sí, pero aceptando el supuesto de que una fuerza superior fuese la responsable de todo aquello, ¿cómo había surgido ésta?), la maldad y el ser humano (siempre fui partícipe de la máxima de Hobbes, El hombre es un lobo para el hombre), eran temas a los que solía recurrir sentada en la banqueta del baño, mientras mi madre me asaba la cabeza.
Algunas de estas ralladuras quedaron en el olvido cuando su absurdo chocó con la aparente racionalidad que te confieren algunos años más. Otras, quedaron siempre ahí. Unas latentes por la imposibilidad de llegar a una conclusión precisa. Las restantes, formando parte incluso de mi personalidad. Y entre éstas cabe destacar mi idea innatista sobre el desarrollo humano, que se basaba principalmente, en la creencia de “serás lo que tus antecesores fueron”.
Puede parecer una bobada, pero a mí, con siete, con ocho, incluso con catorce años, aquello me aterraba. Básicamente porque constituía la negación de mi libertad personal a ser lo que yo eligiese. Al fin y al cabo al final acabaría asemejándome a mis familiares (otra de las razones que menos me gustaban). Y una ralladura personal acabó derivando en una fobia: el parecerme a alguien. Lo que por lo tanto trajo una consecuencia: el compartir los menos puntos posibles con mi familia. Aún hoy, una de las cosas que menos me gustan es que me comparen con alguien, de forma positiva o negativa, se trate de alguien cercano o lejano, y aún a sabiendas que es una reacción ilógica.
En plena adolescencia, o mi etapa del pavo con vertiente antisocial, mis reflexiones infantiles se consolidaron en una vertiente pesimista al mismo tiempo que mi personalidad se anclaba (¿o la obligaba a anclarse?). Mis ralladuras se convirtieron en tormentosos pensamientos sobre lo miserable del ser humano y lo miserable de la vida. El escepticismo radical se adueñó de mí y dudaba incluso de lo que podían apreciar mis ojos. Lo peor de esta etapa quizá fue no saber darme cuenta que no era sano seguir demasiado tiempo con ella (realmente lo peor fue darme cuenta y seguir por cabezonería…).
Es curioso que fuese capaz de concentrar todas mis energías en odiar al mundo entero, aún sabiendo que al mundo entero le importaba yo y mi odio, básicamente, un pimiento. Quizá esa incongruencia es la causante de que fuese aún más extrema en mis juicios negativos, de forma que intentase enmascarar las verdaderas razones por las que no soportaba al resto de la humanidad.
Sin embargo, llegó un momento en que mis teorías más negras sobre la humanidad empezaron a resquebrajarse. Podríamos decir que hacían agua por todas partes, incapaces de sostenerse sobre explicaciones ilógicas y narcisistas. Aunque al principio intentase compensar estos derrumbes con un mayor radicalismo (no es muy difícil remontarse a este), llegó un momento que debido a diversas situaciones personales, mis construcciones acabaron por ceder del todo.
Durante algún tiempo me encontré de nuevo (si es que recuerdo alguna época lejana así), en un terreno totalmente vacío, carente de cualquier reflexión. Podríamos decir que un terreno perfecto para descansar de teorías apocalípticas (tirar piedras contra el tejado de uno durante mucho tiempo agota emocional y psíquicamente). He vivido en ese vacío “metafísico” durante estos últimos meses, en gran parte porque una no se puede arriesgar a tener ralladuras mentales sin haberse establecido de nuevo. No es algo muy prudente.
Sin embargo, durante estos últimos días, me han vuelto a bombardear los viejos temas, aunque curiosamente, como si viniesen revestidos de una cierta novedad. De nuevo, he vuelto a paladear la satisfacción de introducirme en mi mundo de reflexiones metafísicas, aunque esta vez no vayan acompañadas de contraindicaciones para la salud. Ya no hay visiones innatistas sobre el desarrollo (pero tengo que mejorar aún mi manía de no aceptar que soy como los demás), ni odios ilógicos, ni creencias sobre la irrefrenable maldad humana (aunque eso no quita el pensamiento sobre la debilidad moral humana), ni teorías sobre el absurdo de la existencia humana.
De todas formas, es necesario aclarar que mi concepción sobre el mundo no ha cambiado radicalmente de un día para otro. Como siempre he dicho, la gente no cambia, sólo se adecua a nuevas circunstancias con herramientas que ni ellos mismos conocían.
(Os dejo para seguir con mi debate interior sobre la Verdad).
Ya lo decia Goya, “el sueño de la razon produce monstruos”. El primer paso para darte cuenta de que no vas tan descaminada en hacerte preguntas sobre la realidad, la naturaleza humana y del mundo, es el mero echo de no ser la primera en hacerlo. Existen rios de tinta desde que el hombre es hombre haciendose esas mismas preguntas.
Sobre lo de parecerse a alguien… hace poco escribias como utilizamos los prejuicios para ahorrar energias cognitivas, por lo que podriamos suponer que nosotros mismos no estamos exentos de dicha categorización. Para que me entiendas, te pareces a los demás, pero eres unica, al menos para mi.
Es curioso que durante tanto tiempo casi me considerase única de este tipo de reflexiones filosóficas. Pero siempre adolecí (sobre todo en mi etapa de tierna infante)de un cierto prejuicio sobre la capacidad intelectual de la gente (sobre todo de la que se encontraba a mi alrededor), sin que yo precisamente fuese una lumbreras.
En cuanto al punto de “asemejarse a”, es en la discusión sobre mis escritos donde hoy por hoy menos lo acepto (aunque conscientemente sea testigo de la chorrada que supone esto, a no ser que a alguien le diese por compararme con Dan Brown).
Mi gran error durante estos años es no haberme dado cuenta en todos los sentidos de que los seres humanos, sólo por el hecho de serlo, compartimos un gran número de puntos en común (nos parecemos a); pero que sin embargo, también contenemos en nosotros mismos matices (más o menos perceptibles). Esos matices que hacen que para ti yo sea única, y que me sienta única con el sólo hecho de verme a través de ti.
A ver que dice una en medio de tanta filosofía y demás…
Por suerte y por desgracia somos muchos los que pensamos en algo más de lo que nuestros sentidos nos muestran, digo por suerte porque a veces te sientes solo entre la multitud de vanalidades y se agradece que alguien tenga el valor de decirlo aún a riesgo de ser incomprendido; y también digo por desgracia porque así no hay forma de elegir un tema para la tesis que ya no esté estudiado!
Bromas (o no) a parte enhorabuena por ser la única niña que en vez de pensar la manera de cortarse el pelo para no sufrir el calvario del secador, pensaba en algo que al final sería mucho más útil.
Bueno, esto es un comentario estúpido escirto solo porq lo exijes P Jejeje (es broma)
Me ha encantado leer que pensabas esas cosas de pequeña, y siento decirte que , tal y como supondras por la carrera que estoy estudiando, no eres la unica que se rayaba con semejantes cosas de pequeña. A mí también me asaltaban esas preguntas tan extrañas e incluso llegue a pensar que taba majara xD. Y es normal que te hayan vuelto esas preguntas siempre nos vuelven, sobre todo cuando cambiamos nuestro punto de vista , y eso suele ocurrir por sucesos improtantes para nosotros, ya sea para bien o para mal…y en fin…pues ya sabes a que me refiero. Besitos wapisima!
Yo también tuve una vasta época en la que pensé que estaba demasiado majara, creo que no ayudaba nada el intentar hablar con gente y que me mirasen de forma rara. Pero bueno, era feliz dentro de mi “supuesta” locura.Pili, desiste con la idea de una tesis innovadora. Como no quieras ampliar nuestro “experimento” de primer año de Diseño de Investigaciones con una extensión con una propuesta de “tratamiento” xD Es sobre lo único que jamás he conseguido encontrar documentación (aunque habría que pagar bien a la gente para que después del estudio no nos mataran).
Saludos a las dos!