¡La vía es mía!
Escuchando: Y Pare Madrid (Sínkope)
Esta tarde, mientras paseaba apaciblemente enganchada a la música de mi mp3, he sido arrollada por una mujer que ha debido pensar que yo no tenía derecho a ir por esa acera. Y digo esto porque después de empujarme (no darme un codazo, ni chocar contra mí no, alzar los brazos y empujarme con todas sus fuerzas, que menos mal eran bastante pocas) la buena mujer, haciendo gala del civismo que le debieron enseñar sus padres, me ha increpado autoafirmándose en su derecho de ir por allí y mi deber de no caminar por donde ella pisase. Por lo visto, ella tenía la preferencia y yo no he visto la señal.
Aunque no es la primera vez, ni será la última, que me ocurre algo similar, no he podido dejar de quedarme anonadada. Seguramente porque iba yo tan feliz escuchando el verano de la infancia de Bryan Adams, que tantos recuerdos de mis quince me trae a la cabeza, y lo último que iba a pensar es que en cualquier momento, a una señora que rondaría los 60, se le iba a ocurrir tomarse la “justicia peatonal” por su propia mano.