Salvador
En los últimos coletazos del régimen franquista, y como respuesta de “fuerza” al asesinato de Carrero Blanco, se dictó y ejecutó en España la última condena a muerte. Salvador Puig, miliante anarquista del MIL (Movimiento Ibérico por la Liberación), fue sentenciado a morir mediante “garrote vil” por la muerte del guardia civil Francisco Anguas Barragán. Salvador es la historia de este joven catalán, que intenta reconstruir parcialmente su trayectoría militante en los movimientos políticos clandestinos, y su posterior ejecución a manos del régimen.

Adaptando la novela Cuenta Atrás: la historia de Salvador Puig Antich (Francesc Escribano), el director Manuel Huerga pretende llevar a la gran pantalla una historia de idealismo moral (e incluso político) a la par que realizar una denuncia social de lo que significaron para España los últimos años de la dictadura fascista de Francisco Franco. Sin embargo, cada minuto que dura la película, las intenciones se diluyen en un panfleto que en ocasiones puede llegar a ser tan demagógico como las historias que nos contaba mi profesora de historia de 4º ESO, en la que valientes niños españoles salvaban a la patria de malvados rojos que se escondían en las montañas.
Por supuesto, nadie va a negar a estas alturas la represión que se vivió durante la época franquista (bueno, eso de nadie es relativo, pero hagamos que vivimos en el mundo de la piruleta y que los cazurros sólo existen en yankilandia). Y también es cierto que en el cine español poco se ha explorado aquella época que sigue levantando odios en algunos (e incluso cierta nostalgia, a la que no vamos a calificar de ninguna manera, al menos en esta entrada, en otros). Sin embargo, esta necesidad por plasmar en el séptimo arte parte de nuestra historia más reciente (y la que sigue doliendo más) conlleva un riesgo que no ha sabido (o no ha querido) sortear Manuel Huerga: el panfletismo idealista sin bases demasiado lógicas.