Tropezando con la misma piedra
Dicen que el hombre siempre tropieza dos veces (al menos) con la misma piedra. No sé si se deberá a nuestra gran capacidad de ser cabezones hasta el final, a nuestra escasa memoria o a que, en el fondo, somos todos un poco masoquistas. El caso es que a veces parece que nos encanta cometer los mismos errores. Quizá, todo se deba, a ese afán científico que nos embarga desde niños, en el momento en que decidimos ir tirando todo lo que pasa por nuestras manos para establecer las leyes de la física cotidiana. No es que seamos masoquistas, sólo pretendemos explorar a fondo una y otra vez nuestros errores para determinar causas y consecuencias.
Si es que en el fondo todos hemos querido ser alguna vez psicólogos. Sólo que unos se conforman con pegarse de cabezazos contra la piedra del camino, y otros, se llevan la piedra al despacho para pegarse con ella con total comododidad, y presentársela a sus pacientes, a ver si a alguno le suena de algo.