Guadaña y Balanza
Ayer, mientras leía un artículo que pretendía despertar de nuevo la polémica de si llevaremos en nuestro ADN o no, genes del Homo neanderthalensis, me enteré que Pinochet por fin había estirado la pata.
La verdad, no puedo decir que me alegrara del todo. Al fin y al cabo, el ex dictador chileno murió con más cuidados que los que tendremos la mayoría el día que se nos agoten las pilas. Además, la muerte al fin y al cabo es una sentencia que no es exclusiva de dictadores y cabrones varios, algunos incluso la llegan a tildar de “final de sus sufrimientos”.
Sin embargo, aunque hubiese querido celebrarlo nadie me hubiese secundado. Y eso que, a pesar de mi disgusto inicial de que Pinochet no hubiese sido arrojado vivo al mar, sentía no sé porqué, unas irrefrenables ganas de coger el teléfono y comunicarle a mi abuelo la buena noticia. Quizá sólo era una forma de intentar vengarme por traumas pasados y comidas futuras (¿y si saco este año en Navidad el tema Pinochet?, podría ser divertido).
Obviando traumas infantiles y comidas familiares, lo que es cierto es que al final la muerte fue más rápida que la justicia. Aunque tampoco es algo que nos tome de sorpresa, ni nos extrañe. Pinochet finalmente se fue a la tumba sin ser condenado, y demos gracias que no le rinden honores de estado.
Porque al ex dictador chileno, se le concederán los privilegios que tienen reglados a los ex comandantes en jefe que fallecen. Las banderas ondearán a media asta en los recintos chilenos de las fuerzas armadas, e incluso la ministra de defensa chilena irá como representante gubernamental a las ceremonias oficiales por tan excelso personaje.
Se le rendirán honores a un hombre que robó la libertad de su país durante casi dos décadas. A un hombre que encabezó una serie de torturas y asesinatos contra todo el que pensase de una forma diferente a la suya, es decir, contra todo aquel que se atreviese a pensar. Se rendirán honores a un asesino, y cada año, a algún estúpido secundado por más estúpidos, se le ocurrirá organizar misas conmemorativas por el alma de un criminal.
Igual que los hipócritas que cada año rememoran la muerte de Franco, pero que llaman criminal a Zapatero por el intento (cada vez más fallido) del proceso de paz. Porque parece que hay rangos y rangos, y que unos tienen derecho a olvidar, y otros tienen la obligación de hacerlo. Porque algunos tienen el derecho moral a recordar a los asesinos…
Y la justicia, mientras tanto, corriendo a la pata coja.
Guardemos pues un minuto de silencio por las muertes de las que este “señor” es responsable y como homenaje al día de los Derechos Humanos, curiosa coincidencia.
y así como consejo, mejor hablar del precio del turrón en nochevieja…
Es que a mí el turrón… ¿Sabes lo cruel que es que te guste turrón del duro y que no puedas darle ni un bocado por el maldito aparato?
Menos mal que siempre me quedarán las tortas de chocolate con almendras… (uhm, debería ir a comprar varias antes de que se agoten)
Además, en Nochevieja se estilan más los atragantamientos de temporada, y no por turrón precisamente.
Si sacas lo de Pinochet en la comida de Navidad si que no voy, y sí, soy un cobarde.
Aún tengo resaca de la celebración por la muerte de tan siniestro personaje, una botella de champan menos en el frigorífico (pero aún quedan unas cuantas que no se relajen).
Jajajajajaajajajajajajajajaja
No, no voy a sacar ese tema de conversación, más que nada porque a ver si al final me van a dejar algún piso en herencia y todo… No hay que tirar demasiado de la cuerda, que lo fastidiamos (aunque la verdad, en tema de política, en reuniones familiares, por no tirar, no he tirado ni de los hilillos que sobresalen de la cuerda)