De jueces, políticos y leyes
Ayer, como todos sabemos, el Supremo redujo a Iñaki De Juana Chaos de 12 a 3 años la última condena por la que este miembro de la banda terrorista permanecía en prisión, imputado por amenazas terroristas.
Dichas amenazas se atribuyen a dos artículos escritos en el diario Gara: éste y éste, y se consideran agravadas al ser De Juana miembro perteneciente a una banda terrorista, con asesinatos a sus espaldas, y ningún tipo de arrepentimiento hacia ello.
Iñaki De Juana fue condenado en 1989, 1990 y 1995 por el asesinato de 12 guardias civiles (a los que hay que sumar 58 personas heridas), 5 guardias civiles, y un vicealmirante, respectivamente. La condena ascendía a la friolera de 2665 años. Sin embargo, debido a la limitación de las condenas terroristas (en ese momento de 30 años máximos) y a los beneficios penitenciarios, en febrero de 2005 De Juana cumple su condena.
Echando cuentas, de 2665 años por 18 muertes, pasamos a 30 por pena máxima, y a 16 por beneficios, entre los que no está, desde luego, el arrepentimiento.
Para evitar la excarcelación del terrorista desde el 2005 la Audiencia Nacional revocando una orden de libertad inmediata, ordena un nuevo procesamiento al etarra, del que surge esta nueva condena que ayer fue rebajada.
Desde el PP se ha acusado al Gobierno, desde el PSOE se ha pedido respeto a la Audiencia Nacional, y la población se encuentra crispada por la decisión, de alguna u otra manera.
Lo cierto es que un sistema penitenciario que no es capaz de retener más de 16 años a un terrorista con 18 muertes a sus espaldas, que no se arrepiente de ellas, que celebra las siguientes, y que dice disfrutar al ver la cara de los familiares de los asesinados el día del funeral, no nos engañemos, no funciona.
Que un sistema legal no tenga otra salida que recurrir a una sentencia por amenazas para mantener preso a un asesino, porque es obvio que debe seguir entre rejas, también es clara señal de que algo falla.
Y que un estado político en el que los supuestos representantes del pueblo parezcan escolares en un recreo, preocupándose más por dinamitar al adversario, antes que solucionar o al menos poner soluciones para subsanar todos aquellos errores que convierten en apocalipsis inmediatos, desde luego, huele a podrido desde hace ya demasiado tiempo.
Quejarse con fundamento es el primer paso para la mejora. La regresión a la edad del pavo política, el primer paso para el desmembramiento del estado.