La pulcritud de los baños femeninos
Si hay una cosa que siempre nos “horroriza” a las mujeres, o al menos eso se deja caer en muchas conversaciones, es tener que entrar a cualquier baño público. Sobre todo porque no sabes que te puedes llegar a encontrar al otro lado de la puerta. Si el vertedero municipal o la versión sifílica de Sodoma y Gomorra.
Y claro, no vamos a hablar ya de las acrobacias para no tocar nada que pueda hacer que nos salgan instantáneamente setas verdes en todo el cuerpo. Obviamente, siempre está la opción de salir por patas de un sitio así, pero en algunas ocasiones es tu pulcritud o la explosión de tus riñones. Y los riñones salen ganando, porque una no es Raphael para que la adelanten en las listas de espera.
(Luego pasa lo que pasa, que se te cae al final el móvil al WC por intentar no tocar nada. Y te toca joderte y… aggg, mejor no recordarlo, menos mal que ya había tirado de la cadena).