Autómatas e ignorantes musicales
Eso es lo que parece que nos pretende decir un “estudio” de El Mundo.Ya que desde que saltó a las noticias que Joshua Bell, un virtuoso del violín, había sido ignorado en el metro de Washington, y que nadie le había reconocido, al periódico amarillista español le dio por “replicar” el citado experimento (porque, por no tener, no tienen ni originalidad los medios de comuniación hoy en día).
Primero fue con el violinista libanés Ara Malikian, que desde las páginas de información nombran como reputado violinista, reconocido violinista, conocidísimo violinista, por un periodista que dudo mucho supiese antes de escribir el artículo quién era el chavalín. Ara Malikian recogió en total poco más de 5 euros, y logró que solamente una señora (que tenía tiempo, por eso se paró, según sus palabras) se quedara a escucharle.
La semana pasada le tocó el turno a Nacho Campillo, voz de Tam Tam Go. En total recogió 71 céntimos, y sólo una persona (un fan), le reconoció.
Escriben en El Mundo unas conclusiones escandalosas. Cuando cogemos el metro, vamos como burro, siguiendo nuestro camino sin oir, sin mirar, y seguramente hasta sin pensar. Han debido de descubrir la panacea universal, y no duden que dentro de poco les darán un premio por sus contribuciones al campo de la investigación social.
¿Quién iría a imaginar que vamos como una manada insensible cada vez que cogemos los transportes públicos?, ¿que cada vez que vamos cada mañana a trabajar, o salimos de trabajar para dirigirnos aliviados a nuestra casa, desconectamos totalmente y pasamos de los maravillosos paisajes del metro?, ¿que nos convertimos en autómatas que solamente desean descansar?, y que, encima, no reconocemos al pobre y reputado Ara Malikian.
En primer lugar, al metro va gente, no especialistas en música, que seguramente los haya, pero que su porcentaje no va a llegar al 90%, a no ser que les dé por confluir en el mismo sitio, el mismo día, a la gran mayoría.
En segundo lugar, un miércoles normal y corriente, de 4 a 5 de la tarde, la gente no suele viajar en el metro para divertirse. Y mentalmente nadie ha ido preparado para escuchar a Bach, ni siquiera para escuchar al cantante deTam Tam Go.
En tercer lugar, en el metro hay tanta gente costantemente tocando, cantando, pidiendo, que gracias a la capacidad de adaptación del ser humano, somos lo suficientemente hábiles para filtrar dichas frecuencias rutinarias e, incluso, en algunas situaciones, molestas.
Mi conclusión es otra, muy diferente: el periodismo, actualmente, deja mucho que desear.
Buena vuelta de tuerca