¿De qué equipo eres?
Una se da cuenta que han acabado definitivamente las vacaciones cuando los niveles de crispación política vuelven a sus cauces. Los periódicos relatan a su manera los dimes y diretes, mientras que en mi cuello se empieza a formar la contractura del nuevo curso, y en las sobremesas rezo para que no pongan las noticias y se establezca una nueva discusión que no llegará a ningún puerto.
El descanso, desde luego, tampoco es que durara mucho. Y no es que durante el verano se dejara a un lado la rivalidad política. Pero las sosas crispaciones del estío se diluyen con las siestas, los helados, y las jarritas de cerveza con limón (y las pilas de apuntes que no te dejan enterarte de casi nada). Hasta que un día alguien vuelve a pronunciar la dichosa pregunta: Y tú, ¿a quién vas a votar?
Así que ahora tienes una nueva contractura, la contractura de las elecciones. Que acaba de asentarse en tu cuello y no se irá hasta la primera cogorza después de las generales. Porque no solo la política ha vuelto de vacaciones, es que este año toca de nuevo ir a votar. Y claro, también toca aguantar la parafernalia de promesas, acusaciones y monólogos cómicos que se montan alrededor de las llamadas campañas electorales.
