Nosotros, el Estado
El Estado somos nosotros. Pese a quién le pese, y se lo crea quien se lo crea.
Cierto es, que como individuos, la percepción que tenemos de nuestro poder es intrascendente (a no ser que presidamos el Santander, la conferencia episcopal española, o el grupo Prisa). Y por ello, cualquier concepción de Estado nos parece algo externo a nosotros, algo en lo que nos encontramos inmersos porque sí, que nos controla, que nos mantiene atados, y de lo que no formamos parte prácticamente.
La desidia, el pesimismo, el cinismo, la infravaloración de nuestro poder de acción nos hacen creer que somos una mera pieza de hierro atizada por el yunque (Estado).
Algo que en absoluto es cierto. Tampoco es que tengamos el poder utópico de cambiar el mundo (nadie ponga en mis manos esas palabras), pero el poder que no tenemos como individuos sí lo tenemos como grupos. Sin ese poder grupal, los lobbys no existirían, ni existirían los movimientos sociales que con sus presiones logran influir en la política (véase asociaciones feministas, véase HazteOir.org, véase incluso las asociaciones de padres de alumnos,…).
Y es en este contexto de incredulidad hacia la democracia (pseudodemocracia más bien, aunque esos son otros temas), donde la insignificancia de un voto cobra su mayor sentido.
Un voto que el pasado domingo sirvió para castigar a los nacionalistas. Un voto que sirvió para que una gran parte de la población mantuviera las cosas como están, y para que otra parte también numerosa, pero menos, expresase su opción de cambiar. Un voto para aupar a nuevos partidos, y hundir a otros que ya se autoinmolan debido a su anacronismo.
Nosotros, el Estado, hablamos el domingo. Pese a quién le pese, los resultados son esos, y no otros. Aunque a una parte de ese Estado (esperemos que mínima) le parezcan menos válidos esos votos, porque procedan de comunistas, rojos, separatistas, nacionalistas y republicanos. Aunque a esa parte le parezca llevar más razón que a otros, y se crean en posesión de la verdad absoluta (sea cual sea esa).
Esos son los resultados. Esa es la decisión más numerosa del Estado. Esas son las reglas del juego.