Nosotros, el Estado
El Estado somos nosotros. Pese a quién le pese, y se lo crea quien se lo crea.
Cierto es, que como individuos, la percepción que tenemos de nuestro poder es intrascendente (a no ser que presidamos el Santander, la conferencia episcopal española, o el grupo Prisa). Y por ello, cualquier concepción de Estado nos parece algo externo a nosotros, algo en lo que nos encontramos inmersos porque sí, que nos controla, que nos mantiene atados, y de lo que no formamos parte prácticamente.
La desidia, el pesimismo, el cinismo, la infravaloración de nuestro poder de acción nos hacen creer que somos una mera pieza de hierro atizada por el yunque (Estado).
Algo que en absoluto es cierto. Tampoco es que tengamos el poder utópico de cambiar el mundo (nadie ponga en mis manos esas palabras), pero el poder que no tenemos como individuos sí lo tenemos como grupos. Sin ese poder grupal, los lobbys no existirían, ni existirían los movimientos sociales que con sus presiones logran influir en la política (véase asociaciones feministas, véase HazteOir.org, véase incluso las asociaciones de padres de alumnos,…).
Y es en este contexto de incredulidad hacia la democracia (pseudodemocracia más bien, aunque esos son otros temas), donde la insignificancia de un voto cobra su mayor sentido.
Un voto que el pasado domingo sirvió para castigar a los nacionalistas. Un voto que sirvió para que una gran parte de la población mantuviera las cosas como están, y para que otra parte también numerosa, pero menos, expresase su opción de cambiar. Un voto para aupar a nuevos partidos, y hundir a otros que ya se autoinmolan debido a su anacronismo.
Nosotros, el Estado, hablamos el domingo. Pese a quién le pese, los resultados son esos, y no otros. Aunque a una parte de ese Estado (esperemos que mínima) le parezcan menos válidos esos votos, porque procedan de comunistas, rojos, separatistas, nacionalistas y republicanos. Aunque a esa parte le parezca llevar más razón que a otros, y se crean en posesión de la verdad absoluta (sea cual sea esa).
Esos son los resultados. Esa es la decisión más numerosa del Estado. Esas son las reglas del juego.
Al menos somos estado cada 4 años, y podemos decidir quien debe “velar” por nuestros intereses. Con el menos malo de los sistemas de gobierno podemos castigar las decisiones que consideremos erróneas o premiar los aciertos. Dentro de lo malo, lo menos malo.
Somos Estado todos los días, sólo que unos son más activos que otros. Dejamos las decisiones en manos de representantes, pero siempre podemos atizarles las posaderas (como ha hecho el Foro de la Familia cada vez que ha podido con el actual gobierno)
Está claro que el sistema no es bueno, pero es de los menos malos. Y o nos aguantamos o intentamos cambiarlo (eso sí que es utópico)
El sistema es bueno, los malos sois vosotros!
Yo no, yo solo pasaba por ahí…
El sistema es el sistema. Realmente, no es más que un sistema.
Señor Iván, acepte que a mucha gente no le gustan las ideas de las gaviotas, aunque a usted le parezcan la mejor opción para España.
Casi a un millón más de personas no nos gustan de hecho, el juego de la democracia es lo que tiene, que de vez en cuando no gana tu partido.
Y aún así hay aspectos de estas elecciones que creo bastante injustas (véase IU y CIU).
Sólo faltará que con la política crispante de unos que yo me sé empiecen a decir que ZP a amañado las elecciones…
Vir, no seas vaga y actualiza.
Ahora que actualizo vas tú y desapareces… Desde luego, no tienes consideración. ¿Has huido con Sánchez Dragó?