De charlas vergonzosas en la Universidad
Decía alguien que es mejor estar callado y parecer tonto, que abrir la boca y despejar todas las dudas. El primer problema es que te envíen a dar una charla, y mantenerte con la boca cerrada sea algo difícil. El segundo problema, que la charla la hagas como miembro de un equipo de emergencia, y con tus palabras representes a todo un colectivo.
En determinadas situaciones, el atractivo de una fuente puede potenciar la persuasión de ésta sobre los individuos a los que recibe. En otras palabras, que puede convencer más. En condiciones en las que no estamos en condiciones de elaborar un pensamiento demasiado florido (vamos, que estamos vagos), se puede pasar una burrada, quizá dos si estás demasiado/a embobada observando a la fuente. Pero cuando las burradas sobrepasan ciertas fronteras, o el atractivo es demoledor, o los individuos no tienen ganas de pensar absolutamente nada, o la persuasión se va al garete.
Que un trabajador de un equipo de emergencia (prefiero omitir detalles personales) hable de los factores estresantes en relación a los suicidas, y no se le ocurra romper el hielo de otra forma que bromeando sobre los suicidas que encima no consiguen terminar su trabajo, después de empastillarse hasta el límite, y sobre que dan ganas a veces de extenderles una receta para que terminen bien su trabajo, es muy duro.