Un cliente “toca-narices”
Martes, 10 de la mañana. Necesito hacer unas fotocopias de un par de recibos y de mi DNI, así que me dirijo a la papelería de mi calle (estoy vaga para comprarle un tóner a mi “multicopiadora inútil”). Entro y suelto el consabido buenos días (que una es muy educada cuando quiere, y los dueños de la papelería son muy majetes y conocidos de toda la vida).
Hay dos personas delante de mí, y una de ellas, un hombre de unos 60 años que está esperando aún a que le atiendan no hace más que darse la vuelta de sopetón en cuanto escucha mis “buenos días”. Me mira de arriba a abajo y con fastidio levanta el dedo y me dice: “bonita, estoy yo antes”. Incluso se mueve girando su cuerpo para interponerse entre el mostrador y yo (como sifuese a robarle el sitio), lo que tampoco es complicado dada las dimensiones del hombre.
Cuando por fin llega su turno casi arremete contra la pobre mujer que acababa de recibir su cambio y la empotra contra una de los expositores mientras me mira desafiante, como si quisiese adelantarse a mi plan “roba-turnos” (si es que soy tan maligna que se me ve en la cara nada más llegar a los comercios). Y ahí empieza el turno de la pobre librera.
-Buenos días, ¿qué quería?
-Una pluma, quiero una pluma
-De algún tipo en especial
-Pues como la que tengo
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