Wall-E, un robot muy especial

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Wall-E es la nueva creación de Pixar, un nuevo paso adelante en las películas de animación de esta gran fábrica de películas que ha conseguido lo que no podría hacer Disney por sí mismo: adaptarse a los nuevos tiempos. Y es que la “fórmula mágica” de los estudios que nos hicieron disfrutar con El Rey León ha necesitado una ayuda del exterior para “comprender” que los cuentos no pueden quedarse anclados en el pasado.

Y en esta lucha por la renovación nace Wall-E, una pequeña historia que parece más dirigida a los que supuestamente ya no contamos con edad para cuentos que al público más infantil, siguiendo la tónica de las últimas películas de animación (enganchar casi más a los mayores que a los pequeños).

Wall-E es un simpático robot que habita en un futuro desolador donde la basura se acumula sobre la Tierra, y cuya única misión es limpiar toda la basura. Tarea inútil ya que es el único robot de su serie en un planeta totalmente abandonado por cualquier forma de vida humana.

A través de la primera parte del metraje se nos muestra a un ser rutinario, inmerso en el día a día de su trabajo, pero que es capaz de encontrar esa belleza perdida entre montontes y montones de basura, haciendo de una tierra tan inhóspita su hogar.

La gran fuerza de esta parte radica en la transmisión de significados que Wall-E es capaz de ofrecernos sin hablar en ningún momento. Una fuerza que parece recuperar una pequeña parte de aquel gran cine mudo de principios del siglo XX.

Wall-E triunfa por sus pequeños detalles, por sus referencias escondidas y no tan escondidas, por ser capaz de transmitir tanto a partir de un pequeño robot ingenuo, torpe y sentimental.

Triunfa también por la irónica crítica de un futuro desolador creado a partir de la irresponsabilidad humana: el consumismo, las tecnologías de la información y su riesgo sobre las relaciones interpersonales más clásicas. Un tratamiento que ha causado rechazo en ciertos sectores de EEUU que califican a la película como propaganda falsa, pesimista y alarmante. Debe ser tan peligroso enseñarle a los niños que el consumismo entraña ciertos riesgos…

Como contra podríamos señalar que en los tramos finales la película parece desinflarse, al ir introduciendo elementos más humanos en ésta y desapareciendo con ello las partes sin lenguaje hablado, y ese final tan candoroso a lo Disney (claro, hablamos de Disney). Y que ya me haya encontrado varios anuncios en los que publicitan el videojuego de la película, los muñequitos de la película, etc.

Wall-E triunfa, pero el mercado triunfa aún más.

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