The Dark Knight (El Caballero Oscuro)

El Caballero Oscuro no es una obra de arte. No hablamos de un producto del séptimo arte que sobreviva al tiempo dejando ese aire de nostalgia y admiración que otras obras sí han producido desde los inicios del cine. Ese honor necesita de muchos más méritos que los que puede aportar el nuevo Batman de Christopher Nolan.
Sin embargo, eso no quita que la nueva entrega del “héroe” de Gotham pueda ser considerada una gran película en su género. Y es que Nolan ha conseguido lo que otros directores no consiguieron, y es hacer de Batman un héroe mucho más atractivo para el espectador.
El Caballero Oscuro es pura acción, pero una acción que no deja de lado un psicologicismo que consigue dotar de mayor vida a la historia y a sus personajes. Una virtud que es a la vez quizá uno de sus fallos. Puesto que los personajes tienen tanta vida que eclipsan al supuesto protagonista de la cinta, lo que sin embargo también nos deja un importante mensaje: Batman no sería Batman sin ellos.
Y no es que que Christian Bale haga un trabajo mediocre, pero la lista de secundarios que le acompañan son tan brillantes que en ocasiones se comen la película a bocados. (Que gran acierto el cambio de Katie Holmes por Maggie Gyllenhaal, belleza sosa por una mujer con un carisma mucho más arrollador en pantalla).
Volviendo al aspecto más psicológico, El Caballero Oscuro es una gran cinta porque no resulta una película más de superhéroes. Batman no es el héroe que triunfa, es un personaje que pudiéndolo tener todo no tiene realmente más que la lealtad de su mayordomo. Es un héroe con una vida prácticamente vacía que la pone a disposición de una lucha que se antoja interminable e infructuosa. Una vida que solamente se llena con la aparición de sus grandes enemigos, aquellos que le eclipsan con su personalidad.
Enemigos como el Joker, cuyo origen en esta película no es conocido. Un personaje oscuro porque su génesis es totalmente desconocida. Y no hay nada que de más miedo que la maldad sin origen. Porque no podemos darle una explicación más pausible y racional que la pura locura, que el puro amor por la maldad. ¿Qué y quién es el Joker realmente?, ¿es un genio psicópata loco o simplemente es un loco más?
Y aún más importante, ¿quién será capaz de sustituir a Heath Ledger? Porque quizá el oscuro histrionismo es fácil de interpretar en pantalla, pero interpretarlo bien no lo hace cualquiera.
Pero no todo se reduce a Ledger, aunque su muerte ha hecho que su participación parezca la más sobresaliente. No podemos olvidarnos de la brillante interpretación de Aaron Eckhart como Harvey Dent, quizá un poco excesiva en ciertas escenas donde roza con la sobreactuación. Puede ser que lo que menos me convezca de él es su excesiva confianza en su lucha del principio, en su excesivo arrojo, en sus “estúpidos” sacrificios (¿existen personas así?).
Y no me olvido tampoco del sobrio Michael Caine, ni de las apariciones fugaces pero contundentes de Morgan Freeman, ni del gran papel de Gary Oldman como Gordon (para mí el mayor héroe de la película, será mi debilidad por este actor).
Por contrapartida podríamos hablar del gran olvido de Nolan: la estética. El “cuidado” por la acción y por la profundidad de los personajes parecen haberle alejado de los escenarios de una gran Gotham, dejando a ésta casi como una ciudad más, imagen bastante distante a la futurista y gótica Gotham de los cómics. Nolan olvida toda esa majestuosidad centrándose en una ciudad demasiado parecida a otras ciudades lo que le resta bastante encanto a muchas escenas de la película. Un olvido que a mí me parece bastante imperdonable.
También se ha comentado y se ha hablado que la ausencia de violencia más explícita le resta fuerza a la película. En ese punto estoy en desacuerdo. Al margen de polémicas sobre productoras y sus exigencias para hacer que su película llegue al máximo posible de gente (bajando el límite recomendado de edad), lo explícito no es sinónimo de fuerza.
Las escenas con mayor fuerza que he visto, las fotografías que más impacto me han causado, las palabras que más me han aguijoneado son aquellas que comunican un significado brutal sin referirse explícitamente a ello. Porque la imaginación es mucho más potente que cualquier imposición, ya sea por vía visual u oral.
Sin embargo también hay que decir, en honor a la verdad, que las escenas no terminan de ser lo sugerente que deberían ser para evocar una mayor potencia de la imaginación. Les falta más versatilidad, están forzadas, quizá como consecuencia de las obligaciones de la productora sobre el trabajo ya hecho (las imposiciones nunca son buenas).
En resumen, una gran película si te gusta el cine de acción y superhéroes, pero no esperes una obra maestra, las obras maestras dejan una extraña sensación en el estómago que es difícil de eliminar.











