Disertaciones de un viajero de tren
No hago más que sentarme en uno de los asientos libres del tren cuando una voz a lo Gracita Morales comienza un incansable parloteo de política, sociedad e historia salpicada por aportaciones de su vida privada. El chico que tengo en frente me mira y sonríe resignado, parece ser que su perorata no acaba de comenzar sino que estaba en anuncios.
El poseedor de la aflautada y curiosa voz es un hombre que no llegará a los 40 y que ocupa un asiento y medio del tren. Es uno de esos “gordos simpaticones” a simple vista que además está sufriendo las crueldades genéticas de la alopecia.
Al principio parece hablar solo, pero pronto se intuye la voz de una mujer contestándole, o al menos siguiéndole el rollo, porque el hombre no deja de hablar efusivamente…
“Y sabe usted, todos los politicuchos son unos ladrones. Ahora va el Gallardón ése, ¡y dice que va a congelarse el sueldo! Pero menuda caradura que tiene, congelarse su sueldo dice, ¿y qué pasa con el de los demás?, ¿es que solo se va a congelar su sueldo? Todos son unos sinvergüenzas, pero todos, ¿eh? ¿Qué nos ha hecho el Zapatero? ¿Eh? ¿Qué nos ha hecho? Mira ahora, ¡toma crisis! Pero claro, ellos viven con sus reservas y su dinero… Porque ellos no tienen crisis, solo nosotros. No hacen más que hundir España, llevarla a la crisis y a la miseria, porque todo esto es culpa de todo lo que están robando los políticos [...]
Una guerra, eso es lo que va a terminar ocurriendo, que entremos en guerra. Claro, no habrá dinero, no habrá comida, pues todos a la guerra. A ver si espabilan los jovencitos de hoy en día, con una buena guerra. ¿Usted vivió una? Yo no, pero no me importaría vivir una guerra. Sería una buena solución. Hace mucho que no hay una guerra. La I Guerra Mundial, la II Guerra Mundial… Una III Guerra Mundial sí señor, es lo que tendría que venir ahora. Cómo se iban a enterar todos. Además, así seguro que se solucionaba la crisis. Una buena guerra mundial. Yo soy cocinero, chef vamos, pero no me importaría que hubiese una Guerra Mundial, seguro que me lo pasaba muy bien [...]
Los padres, y las madres. Son la flor de la vida. Pero ahora no cuentan, no valen, nadie se acuerda de ellos. No, a los hijos solo les importan sus amigos, sus parejas, hacer su vida. Cuando son pequeños claro, están todo el día con ellos, cuando ya son mayores dejan su casa, se olvidan de sus padres, y se dedican a hacer su vida… No, no, yo no tengo hijos.”











