Archive forJanuary, 2009

Anti-lección telefónica

Clase práctica de cómo no preguntar por alguien cuando se llama por teléfono…

(NOTA: [Y] Yo misma, [D] Irritante señora desconocida)

[Y]- ¿Diga?
[D]- (A bocajarro e incómoda) ¿Es que no eres tú Menganita?
[Y]- (No sabía yo que el teléfono de mi casa tenía monopolio) Pues no, no soy Menganita, soy su…
[D]- (Sin dejar que termine de hablar) ¿Pero este no es el 345-32-…?
[Y]- Que sí, que sí (que sí leñes), pero yo no soy Menganita, soy su hija
[D]- (Incrédula y sin dejarme de nuevo terminar) ¿Eres Fulanita?
[Y]- No, Fulanita es mi hermana, pero…
[D]- (Alterada por momentos) ¿Pero es que tu madre no está en casa?
[Y]- Sí, claro, ¿quién le digo que…
[D]- (Irritada) ¿Y por qué no me la has pasado desde el principio? ¡Pásame con ella! (… ¿la mando a tomar por culo vientos?)

¿Por qué a la gente le cuesta hablar tanto por teléfono?

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Los impíos intolerantes

Palabras de un sacerdote:

Los impíos piensan que la vida es corta
Los impíos piensan que la vida es corta y miserable
Los impíos no tienen razón
Los impíos no son capaces de vislumbrar la verdad
La sociedad actual no tolera y discrimina a la religión católica

Y es que solo los impíos somos unos intolerantes

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Que estaba de parranda

Os esperaba pacientemente las calurosas mañanas de domingo a que llegaráis a recogerme. Sentada. Con mi bolsa cerca, con mi biquini, con mi crema bronceadora, con mi toalla, con mi muda, con el cepillo con el que luego la tía intentaría desenredarme el pelo. El cepillo del que yo me querría zafar infructuosamente.

Miraba el reloj

Siempre llegabáis tarde, muy tarde, y yo siempre me impacientaba. Corría de un lado a otro de la casa, me levantaba a mirar por la ventana, salía al jardín y esperaba en la mesa. Y pegaba un brinco cada vez que oía el ruido de un motor que giraba en la esquina de la manzana. Volvía a entrar en casa y miraba agazapada tras la cortina, como si estando escondida fueseis a llegar.

No quería ser la última en la cola de la piscina municipal.

La piscina de Sanse, que para eso la tía es “sansera”. La de Sanse, que la de Alcobendas “es la peor” y a mí me daba igual aunque en la de Alcobendas hubiese toboganes de agua “gigantescos”.

“La de Sanse tiene una piscina olímpica y piscinas más grandes que la de Alcobendas”

Y llegabáis, como siempre tarde. Y llegabas, y me montabas en el coche y aplacabas mis ansias por el cloro, porque aún tenías que ir a por las pulguitas. Y siempre decías lo guapa que me había puesto, y yo sonreía y me lo creía.

“¿No te apetecen unas pulguitas antes del primer chapuzón?”

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Ojo por ojo, diente por diente

Cuando era pequeña uno de tantos usuales días me pegué con mi primo. Creo que me había mordido y me había pegado una patada porque quería algo que yo tenía y él no.

Me defendí y le contesté también a golpes, y acabó llorando en un rincón.

Mi primo tenía y tiene dos años menos que yo.

A llegar mi madre después del jaleo de poco me sirvieron las explicaciones: “él ha empezado”, “me ha pegado”, “me ha mordido”, “me quería quitar X”.

El razonamiento materno era siempre el mismo: “tú también le has pegado”, “es más pequeño que tú”, “tiene menos fuerza que tú”, “dos no se pegan si uno no quiere”.

¿Qué les dirán ellos a sus hijos?

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