
Pues resultó al final que ayer no estaba hecha polvo únicamente por el cansancio acumulado de la semana (bueno, de los tres primeros días de la semana).
Hoy me he levantado con algo de fiebre (ayer también me acosté con algo de fiebre, pero sí, lo oculté) y creo que mi cara blanquecina ha asustado a los del curro, así que me han mandado a casa y he tenido que ir al médico a contarle la “verdad”.
La verdad se remonta a hace unos meses, cuando de improviso, una semana antes de incorporarme al mundo empresarial, empecé a ir más al baño que todos los jubilados de mi barrio juntos (y en mi barrio hay muchos, muchos jubilados, pero ese tema ya lo tocaré otro día que tenga ganas) y junto a esto empezaron a aparecer otros síntomas mucho más desagradables, hasta que la verdad se desveló en forma de penetrante y agudo dolor en el costado izquierdo: riñoncito izquierdo decidió convertirse en riñoncito cabrón.
La cosa es que me dieron pastillas para que me drogara una semana y se me pasó (bueno, también me dijeron que volviera al médico, pero también me dicen que cruce en verde, que no beba demasiado, que las drogas son malas, que está mal agredir a la gente,… ese tipo de cosas vamos).
.. Y entonces volvemos a la semana presente en el que después de unos cuantos meses de tregüa de riñoncito cabrón (mejor que nadie se entere de los detalles de la guerra fría), éste ha vuelto a la carga, y por su culpa ahora vuelvo a estar drogada, y encima pretenderán que vaya a hacerme no se cuántas pruebas. Por un simple principio de cólico nefrítico y una infección nefrítica de nada.
No sé para que se complican tanto, luego encima querrán que no me tome mis queridas cervezas, que aparte el azúcar de mi vida y no se cuántas cosas más. Teniendo una hermana con unos riñones sanos, más joven que tú, deportista, abstemia y anti-cigarros, ¿qué más se puede pedir?