Archive forMay, 2009

Una gran verdad (algo demagógica)

La verdad es que este video de promoción del PSOE de cara a las próximas elecciones europea me ha dejado sin palabras.

Al margen de la gestión del gobierno socialista, de mi escasa esperanza de cualquier tipo de evolución en la política de este país y mi mayor pánico a acabar siendo una víctima más de la crisis, hay cosas que no dejan de ser verdad.

Y es como hoy comentaba una compañera: las viejas de los collares, esas, nunca faltan el día que hay que votar.

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La verdad sobre el fin de los blogs

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Creando “monstruitos”

Un día cualquiera en la ofi:

-¿Y qué tal tu nene?
-Uy, cada día más grande y más listo. Ya le llevo a la guardería desde hace unos meses.
-¿Y lo lleva bien? Mi sobrina no paraba de llorar todos los días porque se negaba a ir…
-Bueno, a mi hijo no le cuesta. Lo único que la profesora nos llama de vez en cuando porque le tienen día sí, día no, castigado. Es que el nene se tira a los compañeros y les muerde por cualquier cosa, y ya ves, yo sé que debería regañarle, pero es que me da por reirme, me parece tan gracioso…

Y luego dicen que la culpa de los fracasos de estas nuevas generaciones son las desastrosas políticas educativas…

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Maldita primavera

Hoy he notado algo raro, muy raro, cuando me he montado en el Metro al salir de trabajar. Tan raro que por un momento he pensado que de repente empezaba a tener alucinaciones, y que el jarabe me estaba sentando mal.

Olía bien. Sí, sí, olía bien. Ni sudor, ni sospechosos tufillos a gases de cloaca humana, ni horribles mezclas de alcohol, perfume masculino del todo a 1 leuro y falta de jabón,…

El espejismo se ha roto al llegar a casa y echar un poco de alcohol de romero en el pañuelo (los ataques de tos de una en los últimos días han sido monstruosos) y descubrir que el alcohol de romero no olía. Para descubrir posteriormente que yo era la que no olía: ni alcohol de romero, ni lejía, ni el disolvente.

Y he comprendido que el Metro no olía bien, el Metro directamente no olía, o más bien yo no era capaz de oler el Metro.

Y ha sido entonces cuando después de días de congestión nasal, de ataques de toses nocturnas y las consecuentes ojeras, de ataques de congestión diurna y el consecuente pánico a que me encierren a trabajar en una sala de reuniones (dudo que me manden a casa), de jarabes, de vinagre y sal para las llagas de la garganta, de cebollas partidas por la mitad en la mesilla de noche, ha sido entonces cuando me he derrumbado.

Porque ha sido entonces cuando he sido plenamente consciente de que lo que tengo ahora, además de picores en la nariza, ausencia de olfato, estornudos constantes, es alergia primaveral.

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