En una clase de Historia de la Psicología, mientras la profesora comenta la primera etapa de la obra de Piaget, en la que éste se dedicó a la observación de ciertos animales mi compañera de pupitre de delante se contrae “shockeada”:
Hace unos días pudimos tener acceso al videoclip de “Violet Hill”, el nuevo sencillo de Coldplay de su también nuevo albúm “Viva la vida”, grabado en Sicilia (Italia):
Aunque se supone que el lanzamiento oficial no estaba previsto hasta mañana, 19 de mayo, quien sea no supo esperar y pudimos verlo por primera vez antes de lo previsto. Sin embargo, desde la página de Coldplay han lanzado una segunda versión del vídeo, que algunos llaman contraataque (yo veo márketing, pero últimamente veo márketing hasta en el saludo del panadero cuando me lo encuentro por la calle).
Amalia y Sara llegaron nuevas al colegio en 3º de Primaria. Vecinas desde bebés, habían sido amigas desde que les alcanzaba la memoria, al igual que sus respectivas madres. Nos contaron que fueron juntas a la guardería pero que por diversas causas se separaron en el cole, pero sus madres habían decidido llevarlas juntas a este nuevo cole, del que hablaban tan bien.
Amalia y Sara eran inseparables. Llegaban por la mañana tempranito juntas, después de haber realizado el trayecto hasta el cole en el coche de la mamá de Amalia, y salían juntas, para volver en el coche de la mamá de Sara. Tenían las mismas amigas, las mismas barbies e incluso sacaban las mismas notas. A veces incluso llevaban la misma comida, porque a una de sus madres no le había dado tiempo a preparársela y su otra amiga-mamá se ofrecía gustosa a ello.
Pero un año después, un día, durante el recreo, Amalia y Sara se enfadaron, y Amalia se enfadó y acabó tirando al suelo el sandwich de nocilla que le había hecho la mamá de Sara. Una riña cualquiera, de críos. De esas que a los dos días se han olvidado. Y a los dos día Amalia y Sara volvían a reir juntas.
Una texana protesta contra una amnistia para los inmigrantes ilegales, afirmando que su ombligo yanki mola más que el del resto del continente americano.
Siguiendo mi tónica publicitaria, un anuncio de Discovery Channel con una cancioncilla muy pegadiza (que tiene el peligro de ser más recordada que el propio Discovery Channel en sí):
Últimamente, debido a algunas asignaturas que tengo, mi interés por la publicidad ha crecido, así que cuando no tengo nada que hacer navego por la red en busca de publicidad interesante (ya sea por su creatividad en sí, o por ciertos elementos estructurales que no vienen al caso).
El siguiente anuncio lo encontré ya hace tiempo (poco después de empezar a abandonar mi querido blog), y se trata de un video publicitario sobre una marca de condones:
Oye, ¿y si apadrinamos una oveja? Nos dan queso y no se qué todos los meses… (Mi querida progenitora)
Lo peor del asunto es que no es que a mi madre se la haya ido la olla, porque la cosa va en serio. Y es que una quesería de Segovia (Sacramenia, ubicada en la localidad del mismo nombre), ha ofrecido apadrinar a sus 700 ovejas.
De esta forma, los padrinos (que invertirían entre 30 y 65 euros mensuales), recibirían cada mes productos lácteos de su ovejita lucera apadrinada. Además, este apadrinamiento conferiría una rebaja del 10% sobre cualquiera de los productos de la quesería.
Y no sólo eso, sino que si además de tus productos lácteos quieres establecer un mayor vínculo con tu bovino, puedes bautizarlo, irle a visitar y observarla por internet gracias a unas cámaras de vídeo, en plan Gran Hermano (¿les habrán preguntado a las ovejas que les parece que violen su intimidad?)
Decía alguien que es mejor estar callado y parecer tonto, que abrir la boca y despejar todas las dudas. El primer problema es que te envíen a dar una charla, y mantenerte con la boca cerrada sea algo difícil. El segundo problema, que la charla la hagas como miembro de un equipo de emergencia, y con tus palabras representes a todo un colectivo.
En determinadas situaciones, el atractivo de una fuente puede potenciar la persuasión de ésta sobre los individuos a los que recibe. En otras palabras, que puede convencer más. En condiciones en las que no estamos en condiciones de elaborar un pensamiento demasiado florido (vamos, que estamos vagos), se puede pasar una burrada, quizá dos si estás demasiado/a embobada observando a la fuente. Pero cuando las burradas sobrepasan ciertas fronteras, o el atractivo es demoledor, o los individuos no tienen ganas de pensar absolutamente nada, o la persuasión se va al garete.
Que un trabajador de un equipo de emergencia (prefiero omitir detalles personales) hable de los factores estresantes en relación a los suicidas, y no se le ocurra romper el hielo de otra forma que bromeando sobre los suicidas que encima no consiguen terminar su trabajo, después de empastillarse hasta el límite, y sobre que dan ganas a veces de extenderles una receta para que terminen bien su trabajo, es muy duro.